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domingo, 14 de abril de 2013

Aragón. El consumo de tranquilizantes se dispara por la angustia ciudadana

Los llamados hipnosedantes superan por primera vez al cannabis. Los expertos alertan del abuso de esta “droga legal” y critican la saturación en Atención Primaria, donde más se recetan.
El consumo de tranquilizantes se ha disparado en los últimos años en Aragón y en el conjunto del país. Según la última encuesta sobre alcohol y drogas elaborada por el Ministerio de Sanidad, la tendencia al alza de estos fármacos es tal que ha superado por primera vez al cannabis, situándose en el tercer puesto, solo por detrás de las bebidas alcohólicas y el tabaco.

El uso de estos medicamentos, que el informe denomina como hipnosedantes, ha ido creciendo exponencialmente con el paso de la crisis económica. En la actualidad su consumo alcanza al 7,6% de los hombres y al 15,3% de las mujeres, y destacan los niveles preocupantes en la población más joven.

Y todo ello, consecuencia en parte de la “desculpabilización de las sustancias facilitadoras”, o lo que es lo mismo, la sensación de aceptación social del consumo de productos legales, como explica Manuel Yzuel, médico responsable de Proyecto Hombre en Aragón. “En España, el alcohol, el tabaco o estas pastillas no se ven mal en la sociedad, pero llevan a adicciones peligrosas”, señala.

“El grado de angustia y malestar social ha disparado el consumo de las benzodiacepinas en los últimos tres años, no solo entre la población de riesgo, sino entre cualquier perfil que ve cómo se queda sin trabajo, sin piso...”, lamenta.

La situación ha llegado a un punto en el que las unidades de atención a toxicómanos (Sanidad, Cruz Roja, Proyecto Hombre, etc.) incluyen programas de ayuda a los adictos a estas medicinas, que se recetan como somníferos o ansiolíticos.

“En Proyecto Hombre tratamos a gente que dice tomar entre quince y veinte pastillas diarias, lo que suponen consumos totalmente abusivos”, explica Yzuel. Por ello, reclama mayor control en la prescripción de estos fármacos.

Aunque tienen utilidad como relajantes musculares (contracturas) o relajantes vestibulares para el vértigo, la indicación terapéutica más frecuente son los trastornos de ansiedad, el insomnio y como tratamiento acompañante en otras patologías psiquiátricas.

Saturación en las consultas
Los expertos recomiendan el consumo de este tipo de relajantes durante un periodo de tiempo concreto, entre dos y cinco semanas, en las que se irá reduciendo la dosis hasta eliminarla por completo del día a día.

Según el médico psiquiatra Jerónimo Franco, “el tiempo se limita porque estos fármacos tomados de forma crónica y sin supervisión médica, provocan tolerancia, es decir que con el tiempo necesitaremos más dosis para conseguir el mismo efecto, y por otro lado dependencia, de forma que ante la falta de sustancia podría generar un síndrome de abstinencia (parecido al del alcohol porque actúa en los mismos receptores) y un efecto rebote (ansiedad e insomnio). Esta situación genera un círculo vicioso de continuación de consumo”.

Franco explica a su vez algunas causas de su expansión por los hogares aragoneses. “El hecho de que sea más frecuente en mujeres puede tener relación con que el sexo femenino consulta más que el masculino por este tipo de problemas. Ante el aumento de estas prescripciones, estas pastillas pueden acabar formando parte del botiquín habitual que tengamos en nuestra casas por lo que el consumo también se vaya extendiendo”, explica.

Por otro lado, algunas voces del colectivo médico critican la saturación de la Atención Primaria del sistema de Salud, donde se prescriben la mayoría de estos fármacos. Como no hay tiempo para atender estos problemas, explicar y realizar una adecuada intervención, se acude a la vía rápida de las pastillas.
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